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Buenas intenciones

Resulta que todo son buenas intenciones.
Pero se queda ahí, en eso,
buenas intenciones.
Luego nada.
Un día voy a ir a visitarte.
Nunca fue.
Lo que antes fue algo,
luego fue pena. 
En algunos casos, incluso,
desolación.
A veces puede llegar a la destrucción del alma.
Pero con el tiempo,
ese tiempo que todo lo cura y todo lo entierra.
El ser se vuelve nada.
Lo que fue, ya no es.
Y después la indiferencia más absoluta,
hasta llegar al olvido.
Y al final, el polvo de la tumba,
que hace que toda existencia
quede sin vestigio alguno,
solo el eco de las palabras que una vez se pronunciaron
y que permanecerán como una vibración
que solo podrán oír, mudas, las estrellas.
 
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Publicado por en 21 junio 2020 en Uncategorized

 

Ligeras molestias

Lo peor es cuando la soledad te invade y la noche se cierne sobre tu atribulada cabeza, llenando de sombras terribles y siniestras todos los rincones de tu casa y de tu corazón. Ahí es cuando echas de menos hablar con alguien en susurros, no porque fuera necesario, ya que nadie se iba a molestar si se hablase con naturalidad, sino porque era como hablarle directamente a su alma. Los dos rasgando el silencio con murmullos temblorosos. Ahí es cuando te gustaría que te arropasen con un cálido abrazo y que te besaran en el cuello, buscando perezosamente tu boca en la oscuridad. Ahí es donde te gustaría quedarte dormido sintiendo el calor del otro cuerpo y como respira tranquila sabiendo que estás ahí. Y, luego, a mitad de la noche, cuando te despiertas sobresaltado por una pesadilla inoportuna, cuando soñabas con esa persona que ya no está, (no está allí, a tu lado en la realidad, pero hace un momento la tenías allí en ese sueño doloroso) entonces te gustaría sentir que aún te busca y que su brazo se mueve, somnoliento, para notar tu cuerpo aún a su lado, abrazándola, callado.

Y cuando despiertas por la mañana con un peso en el alma y en los ojos, no te abandona la ingrata y molesta sensación de que te gustaría que estuviese allí acostada, en tu mismo lecho, perfilada entre las sombras, aún adormilada, y así poder darle un beso de despedida que durase para siempre.

 
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Publicado por en 4 marzo 2020 en Prosas, Uncategorized

 

Gris

“Dijiste que solo faltarías una semana y me faltaste la vida entera.”

De “Los escritos perdidos” de Otto Zarpín

Se han llevado los colores.
Ahora todo aparece en tonalidades de grises.
La mañana es de un gris claro.
El día entero se tiñe de grises nubes.
La tarde se nubla como si fuera a diluviar.
Los árboles son de un verde grisáceo.
Y sus flores no se distinguen de las hojas.
El sol es brillante, pero gris.
Y la soledad de la noche ya no es gris,
sino negra.

 
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Publicado por en 2 marzo 2020 en Uncategorized, Versos

 

El secreto

Cuando ella se despertaba en las frías madrugadas se quedaba mirándolo en silencio. Respiraba con tranquilidad y soñaría con lugares ignotos – pensaba ella -, pero era increíble que su cuerpo, su persona, estuviera allí, a su lado. Lo contemplaba con amor, casi con veneración y entonces, movida por el deseo, le acariciaba con dulzura su rostro profundamente dormido. Él seguía, impertérrito a aquel amor exterior, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, su camino por esos extraños mundos oníricos, ajeno a toda aquella dulzura que ella le dedicaba fruto del enamoramiento.

Cuando él despertaba a la mañana siguiente se sentía feliz, dichosos, lleno de un profundo amor que no sabía de dónde brotaba y, entonces, la miraba a ella que, aún dormida, hacía ruiditos como un gato ronroneando. Estará cansada- se decía él – y le dedicaba un beso, leve, apenas una caricia con los labios, para no invadir aquel sueño reparador.

Ignoraban ambos que ese cariño que se daban durante el subconsciente los mantendría unidos hasta que sus sueños fueran, como su amor, eternos.

 
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Publicado por en 26 febrero 2020 en Uncategorized

 

Mi verso

Que bellos versos se escriben
cuando hay sol, a pesar de las nubes,
cuando hay una estrella que brilla
solo para ti.

Que bellos son los días de lluvia.
Esos en los que estás abrazado.
Esos en los que el olvido lo traen otras manos
que no son las tuyas.

Que bello es que te miren a los ojos
y sus brillos sin voz te regalen
esa paz que tanto buscabas
y esa complicidad tan anhelada.

Que bello es girar contigo
sin importar pasado ni futuro.
Saber que tu risa es mi verso ahora
y todo lo demás, solo prosa.

 
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Publicado por en 6 enero 2020 en Uncategorized, Versos

 

Balance 2019

“Nunca dejes que tus recuerdos sean mejores que tus sueños”

Daug Ivester

Un día antes de que acabe el año me he propuesto analizar lo que nos deja este nuevo periodo de trescientos sesenta y cinco días que se nos va irremisiblemente.

Dicen que lo que bien empieza, bien acaba; sin embargo, a lo largo de un año existen tantas transiciones y tantas posibilidades que simpre existe una escala de grises y no se puede afirmar con rotundidad que el año ha sido totalmente bueno o absolutamente malo por mucho que empezase y acabe, sin dudas, bien.

En este año que nos deja he hecho cosas que no había hecho antes: he viajado en avión. Las circunstancias no fueron las mejores, pero eso no fue óbice para que el viaje a Roma no fuese excelente. Toda una experiencia. Luego ha habido baches y momentos también hermosos, a veces, unos seguidos de otros. El verano estuvo lleno de diversión en las playas de Almería, pero también de nostalgia contenida. Los amigos, por suerte, estaban ahí.

El año acaba y en los últimos meses un poso de tristeza me había embargado. Era una sensación que no parecía que se pudiera borrar en poco tiempo. De hecho, pensaba que entraría en este nuevo año con ese vacío en el alma ¡Cuán equivocado estaba! Un nuevo rayo de esperanza entró en mi vida de donde menos lo esperaba y sin pedir permiso. Como una tromba de agua, que arrasa todo a su paso, así arrasó este solpo de alegría fresca con todo esa tristeza caduca. Y ahí sigue con su inigualable e infatigable sonrisa, alegrándome cada vez que la veo. Y espero que por muchos años más.

 
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Publicado por en 30 diciembre 2019 en Uncategorized

 

Los días de lluvia

El que quiera en esta vida toda las cosas a su gusto, recibirá muchos disgustos en esta vida.

Quevedo

Los días de lluvia son días de melancolía, como si cada gota arrastrase consigo remotos recuerdos y amores pasados.

A veces, en estos días, siento impotencia de que las cosas no sean como a mi me hubieran gustado que fueran. Es entonces cuando me invade una rabia silenciosa, porque no puedo hacer nada por cambiar sucesos, que me gustaría que no hubieran pasado o que hubieran pasado de otra manera. En ocasiones escribo cosas que tampoco me gustan cuando las leo al día siguiente, pero esto tiene más fácil solución, porque lo que se escribe, se puede borrar. No es lo mismo que con los actos o con las palabras que se profieren en un momento dado. Eso, eso sí permanece para siempre. Y, aunque digan que las palabras se las lleva el viento, no se lo crean. Las palabras que se dicen, permanecen por lo menos en el corazón de alguien, en algún lado. No son como las palabras que se escriben y se pueden borrar, las palabras que se pronuncian en un momento dado, se quedarán como una huella indeleble y, en algunos casos, escocerán como las cicatrices antiguas en esas épocas de fríos y lluvias que nos hacen llorar delante de las fotos que una vez amamos y que ya no llegarán a volver a repetirse.

No sé qué tendrán estos días tormentosos que siempre me ponen así. Son días que te retrotraen al pasado y te lo hacen ver tan cercano que, aunque ves que tienes el cambio de etapa al lado, te duele íntimamente romper con esa vida pretérita, como si le estuvieses siendo infiel al amor de tu vida. Una vida que ya no será. Ya no. Y tienes que hablar contigo mismo, en tu interior dolorido, para hacerte comprender que hay que dar el paso. Que el dolor hay que transformarlo en dicha porque ya es tarde para mirar al pasado e imposible deshacer lo que una vez, para bien o para mal, se hizo.

 
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Publicado por en 19 diciembre 2019 en Uncategorized

 

Chica en el sofá

Chica en el sofá

Por fin había conseguido sentarse durante un rato, al fin tenía un momento para ella. Ahora estaba allí tranquilamente, resguardaba las manos en su propio regazo, como abrazándose a sí misma porque carecía de quién le diera calor; mientras la nostalgia la envolvía como un sudario en el sofá mullido que tantas veces la había visto derramar lágrimas; sus ojos, soñadores, se perdían en los rincones ocres de la habitación y su mente volaba hasta su infancia, ahora tan distante, como imposible de recuperar.
Qué tiempos más alegres fueron aquellos en los que no existían ni problemas ni preocupaciones. Todo eran juegos y risas. Jugaba a la comba con las amigas y corrían libremente por las calles sin miedo a que un coche las importunase ya que, por aquel entonces, era muy pocos los automóviles que deambulaban por el pueblo. Sus padres la querían y no sabía lo que era ni el dolor ni las desdichas. Tampoco el desamor. Y es que, desde que conoció al primer chico, empezaron los problemas. Su relaciones de pareja siempre habían acabado en rupturas dolorosas, así que el amor había resultado lo contrario de la esperanza, porque mientras la esperanza es amarga, pero sus frutos son dulces; el amor al principio había sido dulce, pero siempre le había deparado un fruto terriblemente amargo.
Y ahora, allí estaba, pensando otra vez en él, en Federico. Convivieron largos meses, pasaron juntos el verano y se dieron calor en el invierno, de vez en cuando discutían, pero fueron muy dichosos casi todo el tiempo, es por eso que el motivo de su marcha era una incógnita. En aquel sofá fue la última vez que se amaron y aún recordaba el calor de su piel y el tacto de sus labios. Por qué se había ido y la había dejado con esa tristeza infinita enquistada en el pecho. No lo sabía. Únicamente había dejado una fría nota de despedida hacía dos meses y nunca más supo de él. La vida nos arrebata sin misericordia a las personas incluso cuando aún las necesitamos, cuando aún las amamos. No se podía luchar contra aquello – el destino es tan misterioso como ineluctable – tan solo se podía llorar durante un tiempo y luego, levantar de nuevo la cabeza, erguirse y caminar con paso decidido hacia una nueva meta. No necesitaba ni a Federico ni a nadie. Ella se amaba a sí misma y amaba la vida, por eso aquella tarde también fue la última en la que le dedicó un recuerdo silencioso a aquel hombre que una vez amó y al que nunca volvió a ver.

 
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Publicado por en 16 diciembre 2019 en Prosas, Uncategorized

 

Brillos pasados

Dos luceros.
Así brillaban aquellos ojos
en aquella noche silenciosa.
Parecía que los veía
por vez primera.
Aquel brillo en las pupilas
hablaba de amor eterno.
Me estaban diciendo deseo,
un “te quiero” sin voz.
En el fondo de la retina
a juego con la sonrisa.
Brillaban con un fulgor
que no vi antes en nadie.
Será porque esos ojos
tenían solo la vista en mí.
¡Qué luz tan hermosa!
A veces me pregunto:
¿Y qué cielos verán ahora?
Callados, se fueron
y me dejaron a oscuras.

 
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Publicado por en 9 diciembre 2019 en Uncategorized

 

Hay veces…

Hay veces que una sonrisa
esconde mil lágrimas
y que un chiste
encubre un poema.
Hay veces que un camino
parece más corto,
pero solo es un atajo
para la tristeza.
Hay veces que el olvido
es el recuerdo inevitable
de lo vivido y lo soñado.
Hay veces que un sueño
solo es el trayecto cierto
a una horrible pesadilla.
Hay veces que esperas
y te angustia no saber
qué es aquello que esperas.
Hay veces que un silencio
es un grito desolador.
Hay veces que mueres
porque vives sin vivir en ti.
Porque hay veces que las cosas
no son lo que parecen.

 
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Publicado por en 29 noviembre 2019 en Uncategorized

 
 
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